Villarrín de Campos está situado en una suave depresión dentro de la meseta. Su altitud es de 683,9 m sobre el nivel del mar. Diríase que el campo villarrino es una inmensa llanura; pero no es así, hacia el norte el nivel asciende suavemente hasta llegar a los 702 m en el Camino de los Panaderos. Al Oeste las cotas de altitud alcanzan los 726 metros en la Atalaya (máxima altitud) y los 700 metros en la Laguna de la Grieta Marta.
En el Sur, se mantiene una altitud estable de 680 metros hasta los límites con Villalba. El término municipal de Villarrín se encuentra situado entre los 41º 50’ y 42º de latitud Sur y los 1º 56’ y 2º 01’ de longitud Oeste. La distancia más larga de norte a sur es de 10 Km, siendo de Este a Oeste de 8,75 Km. Tiene una extensión de 47 kilómetros cuadrados. La Carretera de Belver-La Tabla, atraviesa el término de Villarrín, incluida la Villa, en un espacio de 8 Km, comprendidos entre los Kilómetros 19 y 27.
 
 
Geología: El pueblo se asienta sobre tierras sedimentarias, creadas por grandes y potentes cursos fluviales. Las principales series de sedimentos que encontramos son areniscas y conglomerados y calizas. Los depósitos más recientes son las salinas cuaternarias formadas por el arroyo Salado. En Villarrín se encuentra la Laguna de las Salinas, que ha sido drenada para poder utilizar este lugar de una forma productiva. Esta población se encuentra dentro del Complejo Lagunar conocido como “Las Lagunas de Villafáfila”.
 
 
Vegetación: La ausencia de conjuntos forestales es notoria, a ello ha contribuido la tala de la encina y el quejigal, cuyos restos, sobre todo de encinas, aún los podemos ver en las inmediaciones de Castronuevo formando parte del Monte que lleva su nombre, y que a su vez enlazaba con el Raso de Villalpando, un enorme monte encinar. Las familias vegetales afines al arroyo del Salado y de las Lagunas que encontramos son los juncales, espadañas, tamarizales y en general vegetación halófila. La vegetación arbustiva en toda la llanura se limita a la presencia esporádica de rosa silvestre, zarza común, retama de olor, retama y vid. Por sus características especiales las lagunas presentan una comunidad vegetal muy diferente a la existente en sus proximidades, con especies que normalmente se encuentran en las áreas salobres próximas al mar. En el interior de las lagunas la especie más característica es la juncia o castañuela (gen. Scirpus con tres especies descritas Scirpus lacustris, Scirpus litorales y Scirpus maritimus, y propias de marismas costeras, que es la gran fuente de alimento del ánsar, con importante presencia también de gramón (aelurupus littoralis), propio de praderas húmedas próximas al litoral mediterráneo.
A lo largo de los ríos Valderaduey y el Salado afloran gran cantidad de espadañas, junco y tamaras, además del algas conocida como lenteja verde o berraza. En los bordes lagunares y praderas cercanas se encuentra escorzonera enana, pelujo, hinojillo de conejo, arrastradera, margarita, correjuelo, grama, terrao, leno, galoya, flor de golondrina, guadramón, espiguera, trébol, ajo, segadilla ancha, segadilla estrecha, junquillo, lechugina, peralejo, toba, patucos, guarrapo y tomillo,
entre otras que carecen de nombre común. Junto a cultivos de trigo, cebada, alfalfa o girasol, se encuentra la amapola, el cardo corredor o la manzanilla, que tiene una gran fama en la comarca. Una vegetación típica en Villarrín que es el cardo (onomis spinosa) que forma verdaderas asociaciones, la Ruta montana (ruda montés), la stipa, el verbascum (gordolobos), etc.
 
 
Fauna: Destacamos los aspectos más significativos observados en la fauna de Villarrín, remitiendo al lector a la obra editada por Adrián Palomares y citada aquí, cuyos textos reseñamos: Desde el punto de vista faunístico podríamos definir esta comarca como llanura esteparia, según diversos autores, donde un amplio abanico de especies encuentran su hábitat adecuado y dan a la zona unas notas características. El cambio de las estaciones deja ver también en este aspecto. La llegada de la primavera, tardía en esta zona, concentra en lagunas y lavajos numerosas anátidas mientras gansos y grullas se preparan para el viaje de regreso a sus lugares de cría, a miles de kilómetros al norte de Europa. La avutarda es el ave insignia y emblemática de esta tierra. A partir de febrero se inician los cortejos nupciales y recién
entrada la primavera protagoniza uno de los más impresionantes espectáculos ornitológicos de Europa, las “ruedas”. Los machos inflan la bolsa gular duplicando las medidas normales de sus cuellos. Una vez hinchado el cuello lo dejan caer hacia atrás y extienden al máximo sus bigoteras a la vez que entreabren las alas desplegando la cola y erizando las plumas del cuerpo de manera que se transforman en una bola blanca para pavonearse alrededor de las hembras e intimidad a otros machos. Una vez seleccionado el nido realizan una ligera depresión en el suelo para depositar entre dos y tres huevos que incubará la hembra durante cuatro semanas y los pollos abandonan el nido nada más nacer para registrar un creci
miento rápido de forma que inician el vuelo a las tres semanas. Según van creciendo, amplían su dieta con plantas crucíferas, compuestas, gramíneas y leguminosas. De los 28.000 ejemplares que se calcula existían en 1995 en el mundo, 14.000 se encuentran en España y 7.500 de ellas viven en las llanuras cerealistas de la región castellano leonesa, siendo el enclave principal Villafáfila y su entorno, con una población de 5.000 aves en dicha fecha. Los regadíos, tendidos eléctricos y la caza furtiva son sus enemigos. Alondras y calandrias llenan el cielo con sus cantos mientras inicia la reproducción la perdiz y el halcón peregrino ha entrado ya en época de cría. Según la primavera avanza llegan los alcaravanes para buscar el nido y el sisón y el aguilucho cenizo inician también la época del cortejo. Golondrinas y aviones reconstruyen sus nidos de barro en las casas de los pueblos y en el nido de la torre ya hay cigüeños. Los anfibios
son todavía frecuentes en la zona aunque en menor medida que en épocas anteriores, destacando la presencia del gallipato, de la familia de las salamandras, tritón ibérico, frecuente en pozos y norias, al igual que el tritón jaspeado dentro de la familia de los urodelos. Entre los anuros destaca la presencia de rana común, muy abundante en toda la zona, rana de San Antonio en San Agustín del Pozo y Manganeses de la Lampreana; sapo corredor, a los bordes de todas las zonas húmedas; sapo de espuelas en Villafáfila, Revellinos y Villarrín de Campos y sapillo pintojo, la mayor parte en Revellinos y Villafáfila. También existe
en la zona el sapillo moteado y el sapo común. Los reptiles se han convertido en uno de los grupos faunísticos más amenazados, especialmente las lagartijas, a consecuencia de la desaparición del arbolado y del uso de insecticidas y pesticidas. En los últimos años se ha registrado una desaparición prácticamente total en la zona de la Reserva de lagartija colilarga y lagartija cenicienta. Siguen presentes el lagarto ocelado, lagartija ibérica y eslizón tridáctilo de la familia de los saurios. Entre las serpientes de encuentra la culebra bastarda, culebra viperina y culebra lisa meridional. Entre los mamíferos, destacar la presencia de musaraña común, topo ciego, erizo común, murciélago ratero, murciélago orejudo común, topillo campesino, topillo común, rata de agua, rata campestre y rata común. Aparece en muy pequeña cantidad y próximo a bodegas y montones de piedras el conejo común con pelaje que varía desde arena a casi negro. Es abundante la liebre, pieza de caza más cotizada por los cazadores y galgueros.
 
Textos, D.Francisco Trancón
 
 
Las Lagunas y el Arroyo del Salado

 
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